Nº 3.448 - Año XXI

Historia de vida de un joven uruguayo que recorrió Uruguay y Argentina con su bicicleta y sus canciones

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Mi nombre es Alessandro Carrizo, nací en Trinidad (Flores) el 12 de febrero de 1998 y actualmente soy estudiante de magisterio y trabajo medio tiempo dando clases en el colegio American School. En mi infancia siempre fui un niño rebelde; tenía déficit atencional e hiperactividad, lo que provocaba que no me pudiera concentrar en la escuela ni seguir una conversación más de dos segundos. Siempre vivía perdido en mi imaginación: pasaba el tiempo soñando, reflexionando y plasmando todo eso en dibujos y escritura. Tenía unas ganas enormes de entender el mundo, explorarlo y comprender los sentimientos humanos, y como todo gurí, tenía una ambición tremenda por cumplir mi sueño, que hasta el día de hoy me acompaña.

En el liceo me sentía diferente por mi manera de pensar y me agobiaba la idea con la que los adultos me “llenaban la cabeza”: "tenés que tener un título, una casita, un auto y esperar la jubilación". No digo que sea algo malo, por supuesto que no, aparte sin estudio no hay nada, pero sentía que la vida era muchísimo más que lo "ya establecido". No soportaba la idea de seguir todos los días una rutina en un trabajo que no me gustara o pasar todos los días dentro de las mismas cuatro paredes, ya que valoraba demasiado mi libertad.

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Cuando mi hermana Pierina Carrizo era chiquita tuvo un accidente doméstico; se cayó dentro de una olla de agua caliente que mamá usaba para lavar los pisos, y por desobedecer a mamá, tuvo ese accidente (ella tenía tres años). Fue tan grave que necesitaba cirugía especializada en Estados Unidos, pero el tratamiento costaba muchísimo. Mamá movió cielo y tierra y, con la ayuda del pueblo uruguayo y sus buenos corazones, se logró conseguir el dinero. Se hicieron muchos beneficios, hasta partidos de la selección uruguaya, Peñarol y Nacional. Tras años se sanó, pero luego necesitó un trasplante renal por una insuficiencia, supuestamente provocada por la enorme cantidad de medicamentos que tuvo que tomar. Ahí, sin dudarlo, le di uno de los míos, porque quería que sanara y ya había visto todo por lo que pasó; no creía que nadie se mereciera eso. La cirugía fue el 4 de diciembre de 2019 en el Hospital Italiano, en Montevideo. No voy a mentir: estaba muy asustado, porque las cirugías pueden salir mal y podía morir, pero estaba súper firme en mi decisión.

Mi hermana se sanó y yo sentí que se cerraba un ciclo. Pero ese diciembre en el hospital me cambió por completo, porque vi de cerca la fragilidad de la vida y lo efímera que podía llegar a ser. Estuve solo conmigo mismo, creo que por primera vez, y me di cuenta de que había "desperdiciado" mi vida actuando de la manera en que me decían que tenía que actuar, haciendo lo que los demás me decían que tenía que hacer para que me fuera bien y entreteniéndome para ignorar los problemas. Por eso me sentía vacío, alejado de mi propósito; eso me provocó una depresión que ni psicólogos ni psiquiatras podían arreglar, las pastillas no tenían efecto, me sentía cada vez peor, estaba cansado de vivir. Pero ahí me di cuenta de que el único que podía sanarme era yo mismo: había encontrado mis sombras y me decidí a "pelear" contra ellas.

Quería hacer algo más significativo con mi vida, algo que me llenara y a la vez llenara a las personas, regalarles un pedazo de mi corazón a través de la música. Decidí grabar un álbum; no tenía ni un peso, lo grabé en mi cuarto buscando sonar lo mejor posible. Estudié mucha literatura, sobre todo para entender mejor las emociones humanas y para que las letras "tocaran" de alguna manera las emociones de las personas, sus luchas, su pasado y el poder que todos tenemos dormido y que muchas veces no nos animamos a mostrar al mundo. Estaba fascinado con el resultado, era algo diferente, nunca había escuchado algo similar; era muy personal, y sin darme cuenta, me describía mejor de lo que podría haber hecho con palabras. Se llamó "Entre Sombras y Estrellas".

Después de eso, decidí tomar otro rumbo, ya que no tenía cómo promoverlo: no tenía ni un peso ni experiencia en redes sociales. Sé que son una gran herramienta, pero son un arma de doble filo; te pueden ayudar o puede quedar todo en la nada si no tenés un presupuesto para una buena estrategia de marketing, así funciona el mundo. Entonces se me ocurrió usar todo lo que tenía a mi alcance y me pregunté: ¿qué es lo que tengo que me pueda servir? Bueno, tengo una guitarra, una bicicleta, los CDs y una fe tremenda en esto; no preciso más. Mañana voy a recorrer todo Uruguay y un pedazo de Argentina.

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Cuando le conté a mi familia, casi se asfixian de la risa, jaja; no me creyeron, pero cuando supieron que era en serio, me decían que estaba loco, que era peligroso, que me iba a morir porque no tenía práctica, y un montón de cosas más que una familia preocupada le diría a un hijo que piensa hacer una locura. Igualmente, la decisión estaba tomada.

Al otro día, me acuerdo, un sábado 19 de agosto de 2023, salí de Trinidad por la ruta 57 rumbo a Argentina. Ni bien empecé, estaba temblando y un montón de dudas y miedos me carcomía la cabeza; cuando salís de la zona de confort, el miedo aumenta porque entrás en territorio desconocido. En fin, estaba decidido a cumplir mi objetivo y ni siquiera yo podía pararme; aunque pensara en dar la vuelta, ignoraba esa idea.

Me acuerdo que lo más complicado del primer día fue el dolor en los glúteos y en los hombros por cargar la guitarra y el bolso. Iba parando cada 20 km, descansaba, comía y seguía; más o menos tardaba una hora en hacer los 20 km. Había hecho deporte toda mi vida, pero nunca algo tan exigente o prolongado como esto. Por momentos sentía que me iba a desmayar, que el corazón me latía a mil por hora, pero sabía que no tenía que renunciar bajo ninguna circunstancia.

Ya pasadas las primeras horas, sentía que el cuerpo se iba acostumbrando. Eso sí, tenía el bolso lleno de comida y agua, comía como nunca; tenía a cada rato hambre y sed, y es normal, el cuerpo gasta muchísima energía.

Los miedos se iban desvaneciendo cuando le prestaba atención a la belleza de los paisajes. Al ir despacio, ves todo en cámara lenta, te das cuenta de los detalles y admirás la belleza de nuestras tierras, algo que generalmente no hacemos por el ritmo acelerado de vida que manejamos. Fue un sentimiento increíble, mágico; nunca me sentí tan libre en mi vida, me sentía como cuando era niño, cumpliendo el sueño de explorar el mundo bajo mis propios términos.

También recuerdo a gente que paraba en la ruta o ciclistas que me decían: "pibe, ¿qué hacés acá en el medio de la nada?" Y cuando les contaba, me decían que estaba loco, obviamente, jaja; pero todos eran muy amables, me apoyaron y me daban fuerzas para no parar. En algunos tramos se ofrecían a llevarme algunos kilómetros para ahorrarme camino, o por ejemplo, tuve que pedir tiraje porque no me dejaron pasar en la bici por el puente San Martín a Argentina; pero, por lo general, el resto era a puro pedal.

Cuando llegaba a algún pueblo, me ponía a tocar donde podía: en la calle, en el parque, en las plazas o en las zonas céntricas donde más se amontonaba la gente. Me chocó bastante la recepción de la gente, sinceramente; algunos se quedaban extasiados o hasta se ponían a llorar en plena presentación. Se me acercaban cuando terminaba de cantar, con gran curiosidad a preguntarme de quién era esa canción o para felicitarme, y hasta algunos me contaban sus propias historias, terminando de emocionarme yo también. Esa experiencia fue increíble y no la cambiaría por nada. La gente compraba los CDs y tuve que buscar lugares para imprimir más porque se agotaban; estaba súper agradecido y la calidez de la gente me daba energía para seguir adelante, casi ni dormía por la euforia.

Por lo general, me sostenía con las ventas; nunca me faltó la comida ni un lugar donde dormir. En fin, fueron miles de kilómetros y no fue el único viaje: recorrí parte de la costa del Río de la Plata por Argentina y casi toda la parte sur del Uruguay, pero lo más increíble es que hasta la fecha se vendieron 1.556 copias del álbum, principalmente en los viajes, algo que jamás me hubiera imaginado. Me siento muy contento porque pude conectar con las personas fuera de las redes sociales o las plataformas; fue súper enriquecedor, pero ahora quiero ampliar mucho más el alcance de estas canciones. No me daría la vida para repartirlas si no me rodeo de personas que sepan del tema o de las redes sociales. Es hora de subir el nivel.

Esa experiencia me sirvió muchísimo para darme cuenta de que el proyecto en realidad funciona y amplió mi fe en esto; no lo podría dejar morir bajo ninguna circunstancia. También me hizo darme cuenta de que las limitaciones están únicamente en nuestra mente y que, si no somos capaces de tirar esas barreras mentales que nosotros mismos creamos, nunca vamos a poder conocer lo que hay más allá del horizonte. Tenemos que despertar ese poder que tenemos dormido dentro de nosotros y usarlo para hacer el bien, para ayudar e inspirar a los demás a cumplir sus propios sueños y a sentir que cada vida que pasa por este planeta tiene un sentido y una misión por cumplir.
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DARÍO QUEIROLO

Darío Queirolo, periodista especializado en viajes y turismo, con vasta trayectoria en la industria turística.
Comenzó a trabajar como agente de viajes en 1977, en Uruguay y los Estados Unidos.
Entre los años 1978 y 1980 fue guía de turismo en New York City y Washington D.C..

En el año 1980 estableció su agencia de viajes, First Class World Tours, en 501 5th Avenue, NYC.
Fundó la revista de turismo Infotur en 1983, primera revista en español para profesionales del turismo en Nueva York y Nueva Jersey. 

En 1999 comienza en Uruguay su proyecto PASAPORTE, con el lanzamiento de la primera guía bilingüe de turismo Pasaporte Uruguay.
En marzo de 2005 fundó el periódico digital Pasaporte News.