Que hoy día BQB dista de estar a la altura de LAN o COPA es innegable. Pero también lo es el esfuerzo y la inversión que López Mena y su gente le viene poniendo desde hace años a su aerolínea. La política que el ejecutivo aplica en BQB es la misma que usó al comenzar con Buquebus, es decir, ir creciendo de a poco, a medida que van aprendiendo a mantenerse en un mercado tan complicado y pequeño como el uruguayo, y encima, sin pedir un peso al gobierno para sobrellevar una coyuntura complicada, como es y siempre será el tener que competir contra el monopolio de Aerolíneas Argentinas en Argentina, o contra TAM y GOL en Brasil.
El negocio aeronáutico, como todo el mundo sabe, es el más difícil, por lejos. Ningún negocio se le compara en cuanto a la complejidad que presenta para, en el mejor de los casos, empatar en la ecuación económica.
No hay nada mas fácil en las aerolíneas que perder plata. Mucha plata. Muchísima plata.
Es entendible entonces el rechazo que Campiani generó entre el pueblo uruguayo, por haber jugado a convertirse en un empresario aeronáutico con la aerolínea uruguaya que tenía 75 años de vida, comprando aviones que no los quiere ni Pinocho, o por haber regalado la propiedad de Pluna en Buenos Aires, o por tantas otras macanas que se mandó, sabiendo que no tenia respaldo económico real para aguantar los mil y un imponderables que, se sabe, se presentan a diario a cada aerolínea en todo el mundo.
Por su parte, López Mena se hace cargo del 100% de los errores que BQB pueda tener al crear o anular rutas, o suspender o cancelar vuelos.
Con BQB los uruguayos tienen una pequeña aerolínea de bandera, que de a poco se va aceitando y posicionando, sin generar en el camino ni un solo dólar de pérdida al pueblo uruguayo.
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