Dario Queirolo /// Brasil, un país único, con ciudades maravillosas, playas paradisíacas, músicas inolvidables, gente simpatiquísima.....y con políticos de terror. Cuando el 30 de octubre de 2007 la FIFA anunció que Brasil sería la sede de la Copa Mundial de 2014, todos los latinoamericanos lo celebramos como un triunfo. Después de todo era la primera vez desde 1978 que la Copa se realizaría nuevamente en Sudamérica, sin olvidar que esta será tan solo la 5ta vez que nuestro continente oficiará de anfitrión en la historia de los Mundiales de Fútbol, que incluyendo este segundo mundial en Brasil, llega a su vigésima edición.
Una vez designado el país anfitrión de la Copa 2014, los ojos del mundo del fútbol, y en especial los de la FIFA, se enfocaron hacia las autoridades del gobierno brasilero y de la Confederação Brasileira de Futebol a los efectos de controlar que todo lo prometido por parte de los brasileros se cumpliera en tiempo y forma.
Fue así que en el 2008 se prometió, entre decenas de promesas, la construcción en Río de Janeiro de un tren que comunicaría el aeropuerto con el centro de la ciudad; la renovación de los aeropuertos, la construcción de nuevas autopistas entre los aeropuertos y los centros neurálgicos de cada ciudad sede, etc..
Dimos por sentado que el ejemplo de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, que transformaron una ciudad gris en una ciudad con un brillo de tal magnitud que hoy día es de las más visitadas en el mundo, sería el ejemplo a tener en cuenta por los hermanos norteños.
EL SUEÑO
Como sudamericanos, quisimos creer que el tren Galeão-Copacabana estaría operativo en el 2013 o a más tardar a principios de 2014.
Quisimos pensar que los aeropuertos de las principales ciudades brasileras se habrían renovado de manera tal, que por los próximos 15 a 20 años seguirían funcionando de manera eficiente. En el 2007 imaginamos que 7 años más tarde, Brasil nos sorprendería con aeropuertos cómodos, modernos, bien señalizados, con acceso gratuito a Internet, con acogedores restaurantes o enormes plazas de comidas, espacios de recreación, etc..
Quisimos creer que las autopistas que conectan los aeropuertos con el centro de cada ciudad serían ensanchadas al doble de la capacidad actual, o que ciudades como San Pablo tendrían sus anillos perimetrales para descongestionar los tremendos tranques que hoy sufren quienes transitan las avenidas y calles paulistas.
LA REALIDAD
Pero bastan un par de horas de estadía en Río de Janeiro, San Pablo o Porto Alegre, para comprobar que, infelizmente, como gustan de decir los brasileros, casi todo sigue igual que en octubre de 2007, o peor aún, casi todo está 7 años más viejo.
¿ADONDE FUERON A PARAR LOS BILLONES DE DOLARES GASTADOS POR EL GOBIERNO DE BRASIL?
La mayor parte de los dineros públicos, a los 12 estadios. Siete fueron construidos nuevos y 5 fueron renovados.
Pero, ¿y el resto?.
Aquí es donde comienza a gestarse la actual indignación de gran parte del pueblo brasilero, manifestada en primera instancia a través de multitudinarias protestas callejeras en varias ciudades brasileras durante la Copa FIFA Confederaciones 2013 (Brasil, 15 a 30 de junio 2013).
Se supone que miles de millones de dólares han quedado en manos de políticos corruptos, asociados con las empresas encargadas de construir infinidad de obras que, o nunca se hicieron, o que al comenzar el Mundial no se habrán terminado.
Ese nivel de corrupción, en un país que sigue siendo muy carenciado en aspectos como salud pública, educación y transporte público, ha generado que muchos brasileros se muestren desinteresados en la Copa del Mundo, o lisa y llanamente expresen en voz alta su deseo de que Brasil no gane el Mundial que habrá implicado el gasto de miles de millones de dólares, y que, una vez finalizado, no dejará al país más que 12 preciosos estadios de futbol.
EL MUNDIAL
Seguramente la alegría que genera una copa mundial de fútbol se mantendrá intacta.
La pasión de los hinchas de cada país será la de siempre.
Las fiestas callejeras previas a cada partido alrededor de cada estadio serán inolvidables.
Y los televidentes del planeta observarán un mundial colorido, musical y alegre.
Ojala que los hinchas extranjeros que viajen a Brasil para asistir a los partidos del Mundial puedan decir lo mismo. El presentimiento general es que no será así.
Todo indica que los arribos y despedidas de los extranjeros de los aeropuertos brasileros serán bastante caóticos. Que los traslados a los hoteles y a los estadios serán bastante caóticos. Que los traslados de las selecciones de fútbol el día de los partidos serán bastante caótico. Que disfrutar de paseos por las ciudades será bastante caótico.
Ojala me equivoque, y que, por el bien del turismo brasilero y la imagen de Latinoamérica, yo esté muy equivocado.
Habrá que esperar y ver que acontece entre el 12 de junio y 13 de julio de 2013.
¿NOS SERVIRÁ DE EJEMPLO?
Con el ejemplo de Brasil, y conociendo de sobra a la clase politica argentina, ¿valdrá la pena que Uruguay siga invirtiendo (¿gastando?) el tiempo en imaginar una Copa del Mundo en 2030 asociado a la República Argentina?
Dario Queirolo @pasaportenews
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